Delicias filiales

A Alberto Cruz Casanova

 

Deliciosamente ladeas la cabeza

sacudiendo las mil gotas

que destila tu melena.

Deliciosamente arrugas la nariz

cuando rehuyes  la ardiente claridad

de la mañana.

Deliciosamente sonríes,

transparente,

y sostienes sobre las manos

saltimbanqui

tu esbeltísima silueta.

Deliciosamente te lanzas

en picado sobre mi vida

para contarme la tuya

enroscado en mi regazo

como feto-garrapata metro ochenta.

Deliciosamente te miro,

inundada de gozo,

y comento, pitonisa,

que muy pronto llegará

quien me arrebate

toda esta sobredosis

de delicias.

 

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Agua clara

De puertas para adentro

todo era húmedo

todo claridad desvencijada

germinada de peces

descompuestos

y sonrisas amargas.

Pero yo sólo buscaba

los fluidos transparentes  

de mi infancia…

la musgosa escalera

con pasamanos de agua,

las fuentes cantarinas

glisando sus adagios

de sábado a los olmos,

el travieso chapoteo

en los canalones

donde jugaba el agua

sobre el empedrado

en la fresca compañía

de mis pequeños pasos.

 

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Cántico

 

Justo allí donde se juntan

el mar absoluto y la mañana

pero un poco más al fondo

a la derecha,

allí donde los abedules

proclaman

su esperanza alada

tengo una casa chica

con ventanas azules

y tordos descansando

en los tendales.

En ella soy más mía que el deseo,

más del sol que las montañas malvas;

en ella yo te voy a adamar

hasta que tiriten mis sentidos,

el corazón se desmembrane

y ya toda yo me transustancie

en agua de borrajas.

 

 

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El jardín de Epicuro

Para Aurora Luque

 

No fue el cerezo

con su murmullo rosa

ni el abrigo de lirios

del agua del estanque

ni fue el discreto encanto

burgués  de la gardenia

ni la menta sativa

profunda y recurrente.

Quizás fuera Epicuro

sujetando mi alma

en el reposo azulado

de la tarde.

 

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Nenúfar

El sol

tibio sudario

me inunda

hasta la nuca.

La mar está en calma

las aves en sus nidos

el silencio hipnotiza…

Mi cuerpo descansa

ingrávido sobre el agua

como un nenúfar blanco.

Me muero en si bemol.

 

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Luz en el naranjo

 

Titubea la luz

desnuda

entre las hojas

mientras la tarde

se arruga

en el estanque

y al cubrirlo de sombras

de brisas clandestinas

flores blancas

alumbran

las ramas del naranjo

mariposas fragantes

desparraman su esencia

hebras de luz insomne

que avivan el deseo

y la noche se queda

tejida y trastornada

de esa luz

que soflama

de fruta la memoria.

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Lealtad

 

Para mi herida, tu boca

sobre mi dolor, tu abrazo

y para el frío de espadas 

que acendra mi frente

sólo lealtad.

La lealtad del espejo

quiero yo para mis huesos

sobre mi piel, tus caricias

para mis ojos los tuyos

duraznos de honestidad.

 

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La vida cabe en un zapato

Abrí el portón

y la esperanza

se derramó

en tromba por la acera.

Hambrienta de vida,

brillante

como la lluvia

en la hora del árbol.

Tú estabas allí

tras la derrota

recortando la luz

con tus ojeras

y nos miramos

de esa forma

cómplice y resuelta

de la que brota

el bramante

que anuda tenaz.

Y la vida se tornó

del color del caramelo.

Y así…

hasta que el celuloide

exhibió contundente

la palabra fin.

 

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Mariposas

El aire se contaminó

de olvido

y la desidia

lo impregnó todo

con su manto

de almizcle.

Etéreas

alígeras

ebúrneas y delicadas

como un encaje checo

aparecieron ellas

por oriente

alegrando la mañana

a pinceladas.